Juntar la rabia

A veces se lee en el titular de un diario que a un joven se lo abatió, que intentó fugarse, que estaba armado, que tentativa de hurto,que la policía cumplió su deber y que este es un lugar más seguro ahora, ya que el susodicho está muerto. Después pasa el tiempo, y resulta que no era tan delincuente, ni estaba tan armado, ni pasó lo que dicen que pasó. Pero eso no sale en el diario.
La familia, las madres -siempre las viejas empujando para cambiar el destino- empiezan a juntarse y ven que la historia de sus hijos asesinados por la policía no son hechos aislados.
No es cuestión de azar cuando un policía decide disparar por la espalda a un pibe. O cuando se tortura hasta el final en una cárcel. Tampoco es casualidad que la Justicia se calle y mire para el costado. Ni que los medios sean los que condenen.
Entonces, contra todo ese poder -el de la Policía y su mafia, el de los jueces y fiscales cómplices, y el de los medios masivos- solo queda gritar. Organizarse y gritar. Juntar la rabia desde lo más profundo, allá donde quedan guardados los llantos y las risas arrebatadas, y gritar.
Ni un pibe más asesinado por la policía. Ni uno más

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