Cuero de hongo, un biomaterial desarrollado por científicas rosarinas

Investigadores del Instituto de Biotecnología y Procesos Químicos de Rosario crearon un biomaterial con características similares a las del cuero vacuno, a partir de un hongo que se produce a partir de residuos agroindustriales como el orujo de uva. Actualmente están trabajando en cómo escalar el proceso de producción.

El hongo Ganorderma lucidum se ha utilizado en la medicina tradicional asiática durante al menos 2000 años, donde se le conoce como reishi. Un grupo de investigadores del Instituto de Procesos Químicos y Biotecnológicos de Rosario (IPROBYQ), institución de apenas ocho años conformada por la Universidad Nacional de Rosario y el CONICET, lo está produciendo a partir de residuos de la agroindustria para obtener como resultado un material similar al cuero sin tratar, el nubuck, que puede ser teñido y cosido a máquina como el cuero bovino para confeccionar prendas o accesorios.

Diana Romanini es la directora de este equipo de investigación y le dijo a TSS: “Nunca trabajamos con materiales, siempre trabajamos con hongos y generamos metabolitos, pigmentos y resinas. También hicimos proyectos de ácido láctico, prebióticos y en cuarentena un emprendedor local nos propuso hacer un biomaterial a partir de orujo. Se nos ocurrió ponerle un hongo para fermentarlo y nos sorprendió que saliera este material que cada vez se ponía más interesante y más parecido al cuero”.

Este biomaterial, además de ser una alternativa al uso de la piel de vacuno como insumo para prendas de vestir, bolsos, zapatillas o fundas, también puede compostarse ya que es biodegradable, a diferencia de la ecopiel comercial. Además, la industria del curtido utiliza muchos productos químicos muy agresivos para el medio ambiente y que en este caso no son necesarios.

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(Imagen: IPROBYQ)
Este biomaterial se puede teñir y coser a máquina como el cuero bovino para confeccionar prendas o accesorios.

Durante la investigación probaron la respuesta de este hongo con diferentes sustratos para ver los resultados. Lo mejor hasta ahora ha sido con orujo de uva, pero también salvado de trigo, serrín y cascarilla de soja. También se realizaron pruebas con zanahorias desechadas y avena para caballos. De todos modos, Romanini dijo: «No usaríamos un alimento para hacer este cuero». El conflicto que se genera al utilizar los alimentos como insumo para industrias distintas a la alimentaria es muy común en el mundo científico.

El orujo de uva está formado por la piel, las pepitas y parte de la pulpa y se puede pretratar para que contenga más o menos de cada ingrediente, por lo que están trabajando con diferentes combinaciones para encontrar la idónea. En el proceso de producción de este biomaterial sólo queda un poco de agua como residuo y algunos elementos orgánicos adheridos a la parte inferior que deben ser extraídos. Se trata de residuos que ya han sido digeridos por el hongo, por lo que son fácilmente biodegradables, incluso más que el orujo o cualquier otro sustrato que llegue sin tratamiento.

Un problema que tiene la industria del cuero vacuno es que tiene una forma muy irregular y hay mucha heterogeneidad entre las piezas, por lo que se generan muchos residuos. En este caso, la tela se puede hacer de la forma que se necesite ya que depende de la bandeja en la que se deposite el sustrato. La única limitación tiene que ver con el tamaño de la cámara en la que se mantiene durante el crecimiento de los hongos.

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(Imagen: IPROBYQ)
Durante la investigación probaron la respuesta de este hongo con diferentes sustratos para ver los resultados.

“Es un biomaterial con las características del cuero vacuno. Todavía estamos calculando bien los costos, aún no tenemos un número definitivo porque hasta llegar al prototipo que planeamos escalar es un poco difícil calcularlo”Dijo Romanini. Se está investigando mucho en todo el mundo para sustituir el cuero animal y el sector biotecnológico busca fabricar cuero a base de plantas y con diversas especies de hongos.

Además de Romanini, forman parte de IPROBYQ María Rocío Meini, Laureana Guerra, Camila Ponce De León, Natasha Melnichuk, Dana Piazza y Adriana Clementz. “Nuestro instituto es bastante nuevo y está dirigido a este tipo de proyectos que se insertan en lo regional, para aprovechar los residuos de las actividades agroindustriales. Casi todos los proyectos están orientados a generar tecnología aplicada”, explicó el investigador. El equipo también está trabajando en el uso de hongos para extraer prebióticos de zanahorias descartadas con el objetivo de hacer jugos naturales súper nutritivos para niños.

*Por Matías Alonso para Agencia TSS / Imagen de portada: Agencia TSS.

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