Feria del Libro: escritorxs y editorxs opinan sobre el discurso de apertura de Saccomanno

Desde Sonámbula, dialogamos con algunxs escritorxs y editorxs respecto del discurso con el que el escritor Guillermo Saccomanno decidió abrir la 46° edición de la Feria del Libro, que se está llevando adelante en el predio de la Sociedad Rural. Le pedimos su opinión a Flor Canosa, Laura Ponce, Diego Ardiles, Claudia Aboaf y Kike Ferrari. Además, rescatamos un fragmento de la intervención del escritor mexicano y director de la editorial Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, que este domingo 1 de mayo participó de un debate organizado por el Frente de Organizaciones en Lucha, Ciudad Ausente y la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte (AGTSyP).

Por Pedro Perucca para Sonámbula

Flor Canosa
Guionista y escritora, autora de novelas como Bolas (2017) y Pulpa (2019)

Leí por ahí que hay quienes creen que las palabras de Saccomanno no tienen valor (entre otras cosas) por ser un escritor del canon, publicado por grandes editoriales y no representar los intereses de los pequeños y medianos autores, como si fuera posible que alguno de los publicados por editoriales independientes que ya se extinguieron fuéramos a ser convidados a inaugurar algo. Entonces, a mí sí Saccomanno me representa. Justamente porque tomó el lugar que nos es vedado y lo rompió. Con esa mezcla de prosa poética e incendiaria discusión de café, dijo lo que venimos musitando entre dientes entre nosotros, temerosos de que nos escuche alguien que nos corte el camino de la publicación.

Mientras lo escuchaba, se me vino el meme: “Se tenía que decir y se dijo”, frente a la plana mayor de la elite del libro, en el evento validatorio, con el cheque en el bolsillo y las palabras justas.

Además de lo ideológico de seguir ocupando ese panteón a la oligarquía más sanguinaria, hay una cadena de inequidades económicas que arrancan desde las especulaciones de las compañías de celulosa, pasando por la Rural y terminando en el bolsillo del concurrente a la Feria. En el medio, podemos (y debemos) discutir sobre los modos de producción y seguir atacando a los verdaderos enemigos: los multimedios monopólicos que marcan el compás de la porquería vendible de moda y llenan el espacio de espejitos de colores. Quién gana, quién pierde, quién escribe, quién lee. De ahí en más, esa discusión podría (utopía mediante) equilibrar el desbalance atroz de la industria del libro para dejar de arrancarnos las vestiduras entre pequeños editores, libreros y autores que trabajamos de otra cosa, buscando que nos acaricien el ego indicándonos quién es más importante en la lógica editorial. Y casi nunca es el lector, qué paradoja.

En lo personal, tengo la sensación de que estamos en una época donde ya no existe la estrella de rock en los términos disruptivos que conocimos en otras épocas. Tampoco creo que estemos en un momento en donde la figura del intelectual tenga un gran valor que no sea atomizado por una coyuntura que tiene gusto a poco interesante. Entonces, para mí, lo acontecido en la Feria del Libro me cachetea, me acerca a ese fenómeno que doy perdido: un sincretismo entre el rockero y el intelectual. Saccomanno se subió al púlpito, pero antes pidió un cachet astronómico que hubiera pasado desapercibido si el orador se hubiese quedado con un discurso correcto y complaciente con sus empleadores. Le dio a todo el mundo pa’ que tenga. Una patada voladora a los dientes del/los poder/es. Mordió la mano que le dio de comer y, desde abajo, no puedo menos que aplaudirlo. Unas horas antes, en las jornadas profesionales, se lanzó un tarifario de escritura, para que el trabajo de lxs autores tenga valor y no se quede en el simbolismo. Saccomanno, sincrónicamente, se convirtió en el primer orador en cobrar.

Y ahí estuvo, encendió el ventilador y la mierda voló para todos lados. ¿Dijo algo que no sabíamos? No. ¿Ya lo veníamos hablando en iracundos audios de WhatsApp entre nosotros? Siempre. ¿Se quedó corto? Seguramente. Pero le pusieron un micrófono y no se fue al mazo ni dejó los pies dentro del plato. Mucho más de lo que muchos de nosotros (escritores punks, periféricos, marxistas y reventados) nos hubiésemos animado a hacer.

https://www.youtube.com/watch?v=2MAgIR1FVgY

Diego Ardiles
Editor de Indómita Luz

A mí sí me gustó.

Y me incomodó. Me dejó inquieto, una inquietud moviéndose entre la adhesión a lo que dice Saccomanno y la pregunta sobre qué hago yo con eso y por eso. Qué hago yo como trabajador de una editorial y, todavía más, de una editorial que forma parte de una organización política que, entre otros frentes, contiene a trabajadorxs de la cultura, a cooperativas y cartoneros, actores a los que Saccomanno les sueña un destino dentro de la trama que ayer expuso.

Me gustó y me incomodó. Me incómodo ver a tantos colegas y compañerxs del campo del Libro reivindicar el discurso de ayer, aplaudirlo, como otras veces los vi y los leí levantar con honestidad las banderas del trabajo creativo o de la regulación de la industria, al mismo tiempo que, a la hora de poner el cuerpo, pegan el faltazo, tienen compromisos, “pensaban que no era algo político”, porque poner el cuerpo implica a veces algunos, aunque pequeños, sacrificios y puede imponer renunciar al confort, a las bombitas de colores y los bares de Palermo.


Ojalá alcanzara con las declaraciones de interés y el prestigio. Porque al monopolio del papel que tiene arrinconada y con la cancha inclinada a la bibliodiversidad, que está cerrando editoriales y recortando planes editoriales, no lo vamos a hacer caer a twitazos y likes. Atrás están los dueños del país, atrás está Ledesma, cómplice civil de la dictadura (igual que la Sociedad Rural), responsable de la desaparición de Luis Aredes y otrxs compañerxs. Esa pelea se da con activismo y con organización, poniéndole voluntad al individualismo que a veces impone y premia esta industria.


Ojalá las palabras de Saccomanno nos den un sacudón, nos incomoden a todxs y nos empujen a pensar y desafiarnos, a activar, a estar juntos para no flaquear. Porque hay que democratizar el acceso al libro que hoy es un lujo cultural para unos pocos.

Me gustaron y me incomodaron. ¿Qué es un intelectual? Eso es un intelectual, alguien que piensa para incomodarnos; en sus propias palabras: alguien que “ilumina, perturba, incomoda y subvierte”.

Ojalá las ondas lleguen a la orilla.

Kike Ferrari
Trabajador del subte y autor de novelas como Que de lejos parecen moscas y la reciente El significado del fuego

El discurso me parece que está bien y está bien que use esa tribuna además. Él viene a proponer que lo que tiene para ofrecer ese lugar que le dan es el prestigio cuando, porque tenés el prestigio, te dan ese lugar. Nadie me invita a mí a abrir la Feria del Libro.

Me parece que, en algunas partes, el discurso manca, pero que, en líneas generales, está bien, pone en debate el papel, lo que se paga por el lugar de los Martínez de Hoz y el lugar de los escritores como laburantes. Lo que está bien.

También dice una cosa que es seria y muy sana, que es que la literatura no baja línea. Esto no se refleja en la obra de Guillermo, pero es cierto, es lindo y deseable.

Eso, me parece que viene a mover el avispero en un lugar donde está bien que se lo mueva. La verdad que a mí me parece muy poco interesante mover el avispero en la Feria del Libro. De hecho, yo trato de no ir a la Feria del Libro, porque no me importa. Pero entiendo que está bien que él ocupe ese lugar y le hable a los que sí les importa.

Claudia Aboaf
Autora de novelas como El rey del agua y El ojo y la flor, e integrante de la Unión Argentina de Escritores y Escritoras

El discurso de Saccomanno fue disruptivo en teoría y en práctica. Reunió en un solo acto no solo palabras una atrás de la otra, sino en acto, en un sentido todo, en su presencia, en el cobro de honorarios, evocó al bosque que habita, al árbol añoso… Fue una aparición significante que reunía uno en todo: la política, el extractivismo, el libro y el papel. Y en coincidencia con el tarifario que ha salido el día anterior, después de un trabajo largo e intenso de parte de la Unión de Escritoras y Escritores, que se ha presentado justamente en la feria, porque, como dijo Saccomanno, al iniciar su discurso y referirse a la tensión de pensar en ese discurso, simplemente lo tituló “El oficio terrestre”.

Laura Ponce
Editora de Ayarmanot, tallerista y autora del libro de cuentos Cosmología Profunda

El discurso de Saccomanno me pareció súper interesante, primero, porque pone bien en relevancia el contexto de producción de los libros, tanto en su dimensión material, con el contexto de la crisis del papel, y pone eso, a su vez, en un mapa más grande que tiene que ver con el extractivismo, con las crisis climáticas, con las crisis económicas y el contexto tanto nacional como global. Pone además a ese material, el papel, en relación con el trabajo de editores de pequeñas editoriales, independientes. Y a su vez, enfoca el papel del escritor, que aparece como invisibilizado en toda esa corriente y con una mínima ganancia en relación con el precio de tapa del libro.

Ese contexto de producción también lo amplía al contexto del consumo, entonces, sobre las dificultades de lectura y de acceso a ese objeto libro, tanto en cuanto a quiénes pueden comprarlos como a quiénes pueden leerlos, quiénes pueden hacer el esfuerzo de abstracción. Él pregunta si chicos con hambre pueden asimilar lecturas si no han asimilado alimentos. Y yo también pienso en adultos, aunque bien alimentados, pero en un contexto de autoexplotación, cómo pueden hacerse del tiempo para leer.

Luego, dice algo central, que es que no hay por fuera de la plusvalía. Esta presentación que les gusta a los organizadores de la Feria del Libro, que la definen como una “fiesta de la cultura”, en todo caso, es una celebración del comercio del libro o de la cultura como comercio. Siguiendo con esa puesta en contexto, habla de los actores que forman parte de la cadena de producción y les pone nombre y apellidos, tanto a víctimas como a poderosos. Incluso, y esto parece ser lo más urticante del discurso para algunos, dice que pronto será olvido. Me hizo acordar a lo que el pintor norteamericano Mark Rothko contó sobre un encargo que le habían hecho para que sus pinturas adornaran el salón comedor de un hotel Four Season en Nueva York. Y él, un artista nada amigo del poder, aceptó el encargo pensando en crear obras revulsivas que hicieran que esos ricachones no pudieran comer tranquilos ahí. Después de muchísimo trabajo, asistió al estreno junto con su esposa y observó ansioso detrás de bambalinas, decepcionándose profundamente cuando los vio comer como si nada, completamente inmunes al arte que los rodeaba. Me temo que con el discurso de Saccomanno pase lo mismo, que aquellos a lo que debiera incomodar no les importe. Que no nos pase lo mismo a nosotros.

Paco Ignacio Taibo II
Director del FCE y autor de más de 70 libros

No es casual que el director de una transnacional de izquierda, la única transnacional de izquierda que hay, el Fondo de Cultura Económica de América Latina, venga a celebrar el 1 de mayo con un núcleo militante. Hay que celebrarlo en familia. ¿Con quién lo vas a celebrar? ¿En la Feria del Libro lo vas a celebrar? Por eso, tengo diferencias respecto de las interpretaciones que están haciendo de las tesis de Saccomanno, a quien quiero mucho, pero creo que su perspectiva está fuera del lugar donde debe estar. Se pelea con los que ponen el precio del papel… Bueno, entonces peléate en Canadá, en Finlandia, porque es un precio que llega atravesado por los monopolios internacionales de una manera muy cruda y por el dólar, por supuestísimo. Así que lo de Guillermo puede ser un arranque de locura muy divertida, pero absolutamente insubstancial.

Segundo, se pelea contra el hecho de que el acto se haga en La Rural. Pero, como dijo el Che cuando hablaba de la Coca Cola, planteando que no hay que prohibirla, sino expropiarla. Entonces, La Rural será un símbolo histórico, pero también en México tenemos símbolos históricos de los pasados coloniales donde hacemos ferias del libro. Entonces, me parece una disquisición fuera de tono. A mí no me gusta la feria por otras razones, no me gusta porque se cobra y me parece pecaminoso que una feria del libro cobre, aunque sea simbólico. De todas maneras, me parece un mal símbolo, no un buen símbolo. Y no me gusta por lo caro que son los stands para las editoriales y por lo carísimos que son los salones para las conferencias. Nosotros hacemos ferias del libro en la calle. El ángulo con el que yo discrepo de Guillermo es que su punto de vista son los autores, los derechos de autor… No, colega, el punto de vista tienen que ser los lectores. En México, hemos emprendido una batalla para bajar el precio del libro y, en algunos casos, lo bajamos a un tercio de lo que costaba. Porque se puede, porque desde una editorial de izquierda puedes sacrificar ganancias. También hay que sacar colecciones populares y el papel será más barato y a lo mejor amarillea, pero me importa un huevo. Que nuestros nietos protesten porque nuestro papel amarillea, que ni siquiera va a ser el caso, porque tenemos buen papel.

Entonces, la perspectiva son los lectores, llegar a donde no llega hoy la literatura, formar clubs de lectura, incentivar masivamente la lectura en sectores populares que no están leyendo porque no pueden, porque no quieren, porque no saben. También romper la lógica de las bibliotecas, de las librerías, que te invitan a entrar y te dicen “esto es un bosque, esto es una selva”. ¿Y los árboles? Entonces, las librerías tienen que aprender a salir a la calle, al barrio, si queremos hacer más lectores. Para mí, esa es la obsesión.

Por otro lado, la Feria es maravillosa, ayer estuve ahí y hay millares y millares de personas. Y eso es democratización, aunque había algunas colas para leer libros que son mierda pura. Pero qué capacidad para leer mierda que tienen los jóvenes argentinos. Aunque no más de mierda ni más dolorosa que la que tienen los jóvenes mexicanos. Ahí la batalla es proponerles otras cosas para leer. Y es lo que estamos haciendo. En México, a fines de este año, tendremos un millar de clubes de lectura populares, en sectores híper populares, me refiero al medio de las montañas, en comunidades campesinas, dirigidos por maestros de escuela que además son organizadores comunitarios, son los que llevan los juicios contra los terratenientes y la defensa de la tierra y del agua. Y estamos creciendo ahí. Y tenemos siete librobuses que recorren el país, librerías móviles con libros de diez pesos mexicanos (unos 100 pesos argentinos). ¿Por qué? Porque el día que yo entré, había 114 mil de esa colección en la bodega. Servir al pueblo es servir a Dios, pueden decir incluso los no católicos como yo. Y eso es muy gratificante.

*Por Pedro Perucca para Sonámbula / Imagen de portada: Sonámbulas.

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