Las crisis recurrentes y la impotencia de los modelos

Hugo Presman afirma en esta nota que tanto el kirchnerismo como la oposición exhiben el deseo de volver a sus paraísos perdidos: los 12 años de gobierno y el Centenario. El futuro espera impaciente ser seducido con propuestas superiores, descartando un retorno a esos supuestos paraísos, concretados bajo otras realidades. Mientras tanto, las crisis superpuestas agotan y abruman a los argentinos.

Por Hugo Presman para La Tecl@ Eñe

El país vive una de sus crisis recurrentes, con una corrida contra el peso con el retiro de parte de los tenedores de los bonos argentinos emitidos para neutralizar la emisión monetaria y una corrida cambiaria. Las escasas reservas de divisas se reflejan en las restricciones a las importaciones esenciales, tras dos años que Cristina Fernández calificó de fiesta de las importaciones, donde se evaporaron dos años de superávit comercial de 27.000 millones de dólares.

La inflación descontrolada y la recesión por desabasto, con caída del poder adquisitivo de salarios y pensiones, con aumento de la pobreza y la indigencia, traen augurios sombríos. Una tormenta perfecta.

La crisis política de una coalición fragmentada y enfrentada, con un armisticio temporal, se superpone, cruza y potencia la crisis económica. Todo está al revés. Al borde del abismo, presidente y vicepresidente vuelven a conversar y cenan junto al tercer referente, Sergio Massa, a quien la discordia del binomio lo coloca en un lugar expectante, desproporcionado a los votos que supuestamente lo respaldan. Acuerdan, a toda prisa, reemplazo del exministro de Economía Martín Guzmán, con reticencias y ausencia de apoyo simbólico de la vicepresidenta. Y en menos de una semana, Silvina Batakis suscribe en más del noventa por ciento el curso de su antecesor, que es el impuesto por el FMI. Muchos de los que hicieron una campaña decidida por la destitución del discípulo de Stiglitz ahora ven como positivas las mismas medidas anunciadas por el exministro de Economía de Daniel Scioli. En la muestra que realizó desde Calafate, en la inauguración de un cine-teatro, Cristina Fernández llamó a «discutir políticas, no nombres», lo que aumenta la incertidumbre sobre la permanencia de su apoyo a Batakis.

En relación a las exigencias del Fondo que el presidente ha manifestado es su plan, merece consideración esta reflexión del sociólogo Ezequiel Adamovsky: “El FMI no pide un ajuste para recuperar el dinero que presta: presta dinero para forzar ajustes. Es un organismo de control político, no de servicios financieros”.

Argentina es un país donde las contradicciones permanentes y sin solución de continuidad no causan vergüenza. Alberto Fernández es un presidente que en la mayoría de las decisiones decepciona a los suyos y enfada a sus opositores. Intenta no irritar al establishment que le responde a través de sus medios en forma de descalificaciones superlativas, a las que se suman los adjetivos críticos de su propia frente. El vicepresidente llega a la conclusión de que el huevo de la serpiente es el bimonetarismo y que solo se puede superar con un gran acuerdo. No se sabe cómo podrá articularlo ella si a lo largo de los casi tres años de gobierno del que forma parte no se ha puesto de acuerdo con los suyos y descalificó duramente con el dedo al presidente que propuso.

A su vez, en la oposición se han erradicado las palomas y el presumiblemente conciliador Horacio Rodríguez Larreta también habla de un 70% de apoyo necesario para gobernar, con todos menos los kirchneristas. La derecha, que se moviliza con banderas argentinas, desde los autoconvocados agrarios hasta los que lo hacen para que salga el kirchnerismo, lo concretan bajo las banderas republicanas y en defensa de la Constitución; Piden el encarcelamiento de Cristina Fernández de cualquier forma, mientras levantan una guillotina en la Plaza de Mayo.

Todo esto ocurre mientras se acaba de conmemorar un nuevo aniversario de la Independencia perdida. Desde afuera, la directora ejecutiva del Fondo, Kristalina Giorgieva, anunció “acciones dolorosas”, convalidándolas de mala gana el gobierno y celebrando la oposición, porque es la continuación interna de la misma. En la misma línea, aquí, el presidente de la Asociación Cristiana de Líderes Empresariales, Fernando Oris de Roa, embajador de Macri en EE.UU., anunció para después de las elecciones de 2023, como escribió Horacio Verbitsky: “Cambios profundos en nuestra sociedad,… dolorosos y onerosos. Aquellos que implementen estos cambios lo harán sin dudarlo ni emocionarse” Y si alguien tenía alguna duda añadía: “Los empresarios lo apoyaremos y sustentaremos”

Los republicanos Luis Juez y Patricia Bullrich afirman con descaro que no se debe aprobar ninguna ley propuesta por el gobierno.

Todo el mundo tiene paraísos perdidos. El kirchnerismo propone volver a sus gobiernos. La oposición al Centenario. El futuro espera impaciente ser seducido con propuestas superiores, descartando un retorno a esos supuestos paraísos, concretados bajo otras realidades. Mientras tanto, las crisis superpuestas agotan y abruman a los argentinos.

Hay muchos ejemplos de que la desesperación y el escepticismo a menudo abren las puertas equivocadas.

Como escribió el periodista y ensayista Martín Rodríguez: “La política puede girar en torno a Cristina, pero la sociedad gira en torno al dólar, la inflación y la pobreza”. A lo que se podría sumar una larga lista de problemas por resolver como la desigualdad, la inseguridad, el narcotráfico y la desesperación de no vislumbrar un horizonte diferente

La impotencia de las modelos

Dos modelos. Dos países. Una Argentina actual con una minoría que llena los restaurantes y una mayoría que no llega a fin de mes. El París de América Latina que tiene un PIB a la altura de Europa, con un número creciente de personas sin hogar, con áreas enteras en las que los negocios cerrados con carteles de “Se vende” y “Se alquila” irritan los ojos. Luego de treinta y nueve años de democracia, afortunadamente el período más largo, muestra el empeoramiento de todos los índices sociales previos al establecimiento-dictadura militar, lo que obliga a profundizar el debate, replantear problemas, encontrar soluciones a nuevos y viejos problemas, evitar sistemáticamente recurrir a lugares comunes. No entender que se acumula una presión cercana a la explosión es una expresión de injustificable ceguera ideológica, donde se pueden generar fenómenos impredecibles.

El modelo de economía primaria exportadora, de colonia supuestamente próspera, antiindustrial, de subordinación a EE.UU., espera con impaciencia noviembre de 2023, para culminar la tarea inconclusa de los «Rivadavias» y las «Mitras» del siglo XIX y contemporáneamente lo perpetrado con la década infame, la Revolución Fusiladora y la Revolución Argentina, con el establecimiento-dictadura militar; y en democracia, con las políticas de derribo de Carlos Menem y Mauricio Macri. Esperan aprovechar la desesperanza reinante, el escepticismo generalizado para reconstruir los cimientos de la Argentina del Primer Centenario, repartiendo de abajo hacia arriba. Están dadas las condiciones para que esto sea factible, aunque la resistencia popular siempre ha sido un impedimento que, si bien no tuvo la capacidad de evitar los efectos perniciosos, impidió la derrota definitiva. Por eso cuando los gobiernos populistas, que por lo general tienen “el defecto” de repartir de arriba abajo, vuelven a gobernar, a sus limitaciones se suma el tener que empezar por escalones cada vez más bajos.

Es interesante señalar que “en el casi medio siglo que va desde la elección de Mitre como presidente en 1862 hasta la de Roque Sáenz Peña en 1910, período en el que se inspiran los actuales republicanos, la participación popular a través del voto había oscilado entre 1,2% y 2,8% de la población total” (Ernesto Semán: “Breve historia del antipopulismo”).


Hoy el escenario exhibe un peronismo incapaz de superar sus límites y encontrar una salida a una crisis que lo sacude como un terremoto y una oposición que se plantea como solución hacer todo lo que en el pasado acentuó los cataclismos económicos y sociales, pero con la táctica de hacerlo más rápido para tratar de evitar, con el terreno abonado por la impotencia del actual gobierno, la resistencia popular que le ha impedido en otros casos terminar su labor con vocación de colonia.


Ante esta situación, es bueno recordar: “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”. Un proverbio popular: «Las ovejas se pasan la vida temiendo al lobo, pero acaban siendo devoradas por el pastor»

Es importante tener siempre presente el consejo del general y estratega chino Sun Tzu, quien escribió hace aproximadamente 2.500 años en El arte de la guerra: “Toda batalla se gana antes de librarse”. La oposición neoliberal, que ha ido ganando ampliamente la batalla cultural, lo sabe y ha allanado el camino en este sentido. El gobierno no tuvo en cuenta el consejo de Sun Tzu cuando intentó nacionalizar VicentIn y su fracaso fue estrepitoso.

Argentina vive una doble crisis, y la angustia, el desconcierto y la incertidumbre sacuden a la gran mayoría. Sortear la devaluación intempestiva que requiere el establecimiento será una hazaña con los pocos instrumentos con los que cuenta. Sin embargo, se estima que hay 14.000 millones de dólares en los silos bursátiles que faltan en el Banco Central que serían liquidados si el dólar oficial cayera, vía devaluación a $200.00. En ese caso, los dólares que ingresan son los pesos que faltarán en los hogares de la mayoría de los argentinos, por el deterioro del poder adquisitivo de salarios y pensiones.

El tiempo corre. Encontrar la salida no admite las patéticas miserias de las que hablaba Hipólito Yrigoyen. Una espesa niebla lo cubre todo. Las limitaciones y fracturas del oficialismo, las miserias y objetivos de la oposición y la voracidad del poder económico no permiten vislumbrar un futuro exitoso.

*Por Hugo Presman para La Tecl@ Eñe / Imagen de portada: “Sin pan y sin trabajo” de Ernesto de la Cárcova.

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