Twitter: libertad de expresión en la era Musk

Por Esteban Viú para Ink

El 4 de mayo de 2020 fue una fecha particular para el empresario Elon Musk. Ese día no fue especial por ninguna de sus muchas empresas o inversiones, sino porque fue padre por sexta vez en su vida y decidió nombrar a su hijo “X Æ A-12”. No es un apodo o apodo, es el nombre legal de su hijo, el cual tiene una larga explicación para detallarlo, pero podemos adelantar que la «X» corresponde a la variable matemática que expresa una incógnita.

Musk, fundador de empresas de renombre como Tesla, PayPal y Space X (que promete llevar humanos a Marte en 2026), se convertirá en el propietario formal de Twitter en unas pocas semanas, una red social que “se ha convertido en una especie de plaza pública de facto”, en sus palabras. Pero como el poder no se trata de investidura, sino de tomar decisiones”y que esta decisión sea respetada por el conjunto”, Programadores y moderadores de Twitter ya trabajan en las propuestas de Musk antes de su aterrizaje formal: libertad de expresión, venza a los robots de spam, agregue el botón de edición para tweets y abra el algoritmo que regula lo que vemos.

Libertad de expresión

Ante la oferta formal por US$ 44 mil millones para adquirir la red social del pajarito, Elon Musk declaró que los moderadores de Twitter son “demasiado intrusivos” y que deberían liberarse algunas restricciones que existen sobre los discursos que circulan. Este es uno de los aspectos que genera más dudas pues su propuesta es ampliar la frontera de los contenidos que están permitidos: así, los discursos xenófobos, supremacistas y sexistas comenzarían a tener más circulación en los diálogos generados en la red social. Uno de los máximos exponentes de esta cultura intolerante y discriminatoria es Donald Trump, bloqueado por el propio Twitter desde el año pasado e invitado a volver hace unos días por el propio Musk. Para decepción del nuevo dueño, Trump anunció que no volverá a la plataforma porque sigue apostando a su red social “Verdad”, pero dijo que “Elon es un buen chico”.

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(Imagen: Forbes)

Los resultados de esta «apertura discursiva» podrán evaluarse en unos meses, pero los primeros indicios no son buenos. Otra polémica que ha estallado en los últimos días es cómo afectará a la libertad de expresión que Twitter pertenezca a una sola persona en lugar de ser una empresa pública (que cotizaba en bolsa). “Vamos a trabajar gratis para un multimillonario” fue una de las muchas frases que inundaron el inicio de Twitter cuando se conoció la compra.. La realidad es que la red social estaba compuesta básicamente por grupos de inversión privados como BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo, que intentó impedir la reestructuración de la deuda de nuestro país. Y si bien nadie puede negar que es preferible una multiplicidad de voces a una sola al mando, Twitter no surge precisamente de una panacea democrática, sino de las entrañas de las finanzas globales.

Como negocio, la red social es impredecible y es probable que tarde muchos años en generar ganancias por sí sola. En la última década, solo obtuvo ganancias en dos años. Pero lo que le interesa a Elon Musk, más allá del negocio, es que Twitter, con sus 450 millones de usuarios, concentra la atención y los debates de las élites políticas, periodísticas y culturales de Occidente. Hoy, la red social marca buena parte de la agenda discutida por los medios y los personajes más relevantes de la política mundial.


Como dice Martín Becerra, especialista en medios e industrias culturales, “controlar las plataformas digitales es un complemento ideal para engrasar los negocios, condicionar la agenda pública y controlar el daño a la imagen”. Musk entiende como pocos el juego de especular con un tuit que afecta a acciones empresariales y criptomonedas.


El dueño de Tesla no es el primero en incursionar en los medios. En agosto de 2013, Jeff Bezos (de Amazon) compró The Washington Post, uno de los dos periódicos con más historia de Estados Unidos. Bezos pagó 250 millones de dólares. Twitter vale hoy más de 40 veces lo que vale un medio tradicional como el Washington Post, “lo que deja patente la consolidación de las plataformas digitales y sus sesgos algorítmicos como espacios privilegiados de producción y circulación de noticias y opiniones”, añade Becerra. Las Big Tech han aterrizado formalmente en el amplio espectro de medios tradicionales y no tradicionales, y su impacto en la publicidad, la política, la libertad de expresión y la desinformación será algo a seguir de cerca.

Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano, escribió en su último libro, Infocracia, que “El factor decisivo para tener poder ya no es la posesión de medios de producción, sino el acceso a la información que sirve para la vigilancia psicopolítica y para el control y previsión de conductas”, y habla de la libertad de la yema. Ya no usamos tanto las manos, sino las yemas de los dedos, que dan la sensación de que efectivamente estamos eligiendo lo que vemos cuando, en realidad, somos prisioneros de un algoritmo.

Código abierto para el algoritmo y la guerra contra los bots

«La elección de qué algoritmo usar (o no) debería estar abierta a todos», dijo Musk. Los algoritmos recompensan el tiempo dedicado a las plataformas para extraer datos personales que luego comercializan. De cumplirse su promesa, supondría un cambio rotundo en la evolución del negocio de las grandes tecnológicas, porque no tendrían tanto acceso a la información personal. En este contexto, es importante destacar que la Unión Europea aprobó hace unos días una Directiva de Servicios Digitales para restringir el acceso de las Big Tech a datos privados.

Las otras propuestas de Musk son vencer a los bots de spam publicitario, autenticar la «humanidad» de las cuentas activas y agregar el botón de edición para los tuits, lo que provocó una grieta en el micromundo de los tuits.

El hombre más rico del planeta aterrizó en la app de información y situación por excelencia. Solo queda esperar y tuitear algo irónico al respecto.

*Por Esteban Viú para La Tinta / Imagen de portada: El periódico.

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